❌ No todo lo que duele necesita ser arreglado
La cultura del bienestar ha instalado la idea de que toda incomodidad debe resolverse de inmediato. Sin embargo, terapeutas y acompañantes emocionales advierten que no todo dolor necesita ser corregido, sanado o transformado de forma urgente.
El dolor, explican, también cumple una función: señalar, detener, pedir atención. Intentar eliminarlo rápidamente puede llevar a desconectarse del proceso que lo originó. “Hay dolores que no vienen a irse rápido, vienen a ser escuchados”, señala una especialista en procesos de duelo.
Desde la espiritualidad contemporánea, esta mirada propone una relación distinta con el sufrimiento. No se trata de romantizarlo, sino de permitir que exista sin juicio ni prisa. Acompañar lo que duele puede ser más transformador que forzar una solución.
En un contexto donde abundan discursos de positivismo constante, reconocer el derecho a sentirse mal se vuelve un acto de honestidad emocional. Dar espacio al dolor también es una forma de autocuidado.
Aceptar que no todo necesita arreglo inmediato abre la posibilidad de procesos más humanos, más lentos y profundamente auténticos.
