🧠🧠 El estrés sostenido impacta directamente la digestión y el sistema inmune.
Especialistas en salud señalan que el estrés prolongado no solo afecta el estado emocional, sino que tiene consecuencias directas sobre el funcionamiento del sistema digestivo y el sistema inmunológico. Cuando el cuerpo permanece en estado de alerta constante, se incrementa la producción de cortisol y otras hormonas del estrés, lo que altera procesos básicos del organismo.
En el sistema digestivo, el estrés sostenido puede provocar inflamación intestinal, acidez, colitis, estreñimiento o diarrea, además de interferir con la absorción adecuada de nutrientes. Esto ocurre porque el cuerpo prioriza la respuesta de “supervivencia” y reduce la energía destinada a la digestión.
Por otro lado, el sistema inmune también se ve comprometido. La exposición prolongada al estrés debilita las defensas naturales, haciendo al organismo más vulnerable a infecciones, resfriados frecuentes y procesos inflamatorios persistentes. Estudios indican que el estrés crónico puede disminuir la respuesta inmunológica y retrasar la recuperación ante enfermedades.
Especialistas recomiendan identificar las fuentes de estrés y adoptar hábitos que ayuden a regularlo, como establecer horarios de descanso, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física moderada y practicar técnicas de respiración o pausas conscientes durante el día.
Aunque el estrés es una respuesta natural del cuerpo, su presencia constante puede convertirse en un factor de riesgo para la salud integral. Atenderlo a tiempo no es un lujo, sino una medida preventiva para cuidar tanto el bienestar físico como el emocional.
